Maíz

A Evaristo y Aurora

La abuela amasaba con sus manos torcidas por el reumatismo el maíz que el abuelo había molido en la tarde. La cocina inundada de humo era el sitio de la casa más importante, allí se reunía la familia a conversar y se continuaba con la tradición oral, a través de relatos de hechos o situaciones ocurridas en el pasado. Los mayores mantenían la tradición y los jóvenes escuchamos maravillados aquellas historias que luego olvidaríamos para siempre. Mi abuelo y la abuela hace años que murieron y con ellos sus historias, el recuerdo que ha quedado hasta el día de hoy es el sabor y el olor del maíz en el fogón de leña de la oscura cocina.

Smartphone

El teléfono inteligente vibro. Las cinco de la mañana y el sueño se apoderaba de mis instintos de sobrevivencia. Afuera de la cama el frío gélido lo congelaba todo. A los cinco minutos volvió a sonar la alarma del despertador. Estire mi mano y apagué el aparato. Volví a dormir no se cuántas horas. El smartphone siguió ahí sobre la mesa de noche.

¿Real?

Cerré el libro, medité un instante. Todo lo leído me pareció verdadero. ¿Era real? No me lo podía creer. La sensación del capítulo final del libro, fue como haber montado en la montaña rusa mas terrorífica de la tierra…

Abuela

Llegaron de prisa con la vista nublada. ¿Qué pasó? preguntó una anciana sentada sobre un pedazo de tronco de madera. Nada abuela, dijo una mujer adulta. Entonces: ¿Por qué esa cara de pánico? Preguntó la anciana con la mirada arrugada. Nada de qué preocuparse, contestó la mujer. Un grupo de mujeres lloran alrededor de la abuela.

La salida

La escalera se empinó más allá del cielo, el hombre se cubrió de temor, no quiso mirar. Las piernas le temblaron, se arrodilló como suplicando perdón; una sombra enorme lo cubrió, lo invadió de pánico. Se levantó y los miembros inferiores le pesaban como dos columnas de acero, caminó lentamente, no miró a hacia atrás. La escalera se esfumó en la distancia, espero a que el hombre tomará la decisión de subir, pues era la única salida.