En la FilBo 2019

Cuentos 1983 – 2016

LA LLEGADA A LA ESCRITURA de Jesús Rodríguez después de coqueteos e intentos fallidos ha sido a través del gusto y el placer de leer y escribir, sin ningún tipo de pretensión (sólo contar historias). El acto de escribir como medio de comunicación y goce estético lo acerca al mundo que le ha tocado vivir, desde diferentes perspectivas, en especial cuando el mundo hay que verlo desde la periferia, alejado de los centros de control y de las pequeñas élites que deciden por la mayoría; por eso considera que el arte desde cualquiera de sus manifestaciones tiene la tarea de contar las diferentes versiones de la realidad.
Con este volumen el autor presenta todos los cuentos que ha escrito desde 1983 hasta 2016. En él se condensa una evolución a través de la escritura del cuento. En su mayoría son relatos cortos o breves. En este género ha encontrado el medio de expresión que más se le facilita para transmitir a través de ficciones las verdades que la realidad le muestra. 
Dice el escritor: «Son 33 años de escritos condensados en éste libro, lo que no quiere decir: que en todos esos años me haya dedicado de exclusivo a escribir, no; no ha sido así. He escrito en diferentes épocas de mi vida, pero en los últimos 18 años he dedicado mayor parte de mi tiempo a estudiar, leer y a escribir con alguna intención, en especial, aquella de comunicarme a través de la palabra escrita.»

https://www.autoreseditores.com/libro/5797/jesus-rodriguez/cuentos.html

Un día sin ti

 

«¡Pues bien! Yo necesito

decirte que te adoro,

decirte que te quiero

con todo el corazón…»

Manuel Acuña (México)

Nocturno (A Rosario)

Un día sin ti:


Una eternidad congelada en el reloj.

Horas infinitas extraviadas en el cosmos.

Tu imagen borrosa se difumina con el paso de las horas.

Las rosas rojas lloran en mi corazón de espinas.

El jardín de mi casa se marchita en tristeza.

La luna pierde su luz brillante, es una piedra negra.

El sol, oculto tras nubes grises, llora desolado.

Los árboles que ayer fueron verdes, hoy son fantasmas.

El camino a tu casa se desvanece, desaparece.

Las palomas mensajeras, regresan con los mensajes.

El agua transparente pierde su color, sin olor.

Las nubes grises del mediodía comienzan a llorar.

Las hojas que ayer eran esmeraldas, hoy no están.

Las montañas parecen más lejanas y pequeñas.

Las horas de sesenta minutos parecen de mil minutos.

El día se hace tan lento y gris, que no termina.


Un día sin ti:

Para mi es una eternidad.

¿A qué hora mis ojos te volverán a ver?

Así, tus ojos no me vean.


Anhelo el instante:

En que tu olor erice mi piel.


Aquel instante:

En el que vuelva a ver tu imagen de venus

y mi cuerpo se estremezca de emoción.


Ese instante:

En que regresas a mi vida,

aunque, para tus ojos invisible sea.

Jesús Rodríguez

Bogotá, D.C. febrero 11 de 2019

Río

Él tranquilo, pequeñas ondas vienen y van con el paso del viento, el río sigue allí, transcurriendo, paciente, solemne. (Al río Sena)

Sus aguas fueron mi cama. La embarcación se mantuvo estable sobre el infinito río, allí soñé sobre sus aguas, me deje llevar por la melodía de su canto sordo. Navegue sobre noches oscuras ausentes de luz; el agua me arrulló como niño en el regazo de su madre, me cuido mientras viví en él. Los amaneceres me inundaron de un frío sol que sin abrigarme me brindaron su calor, allí atrás quedo el río.

Picasso

El museo como un castillo antiguo aloja las obras de mi pintor favorito, recorro los pasillos y salas, con sus paredes blancas donde cuelgan las pinturas del maestro y los estantes sobre los cuales se posan las esculturas y objetos artísticos que un día atrás surgieron de la mano y genio del artista. Me sumerjo en los collages y me quedo a vivir con el maestro. Afuera París se ilumina con un sol frío.

Pereza

«La pereza es la madre de todos los vicios» decía mi padre. Cuando él decía eso yo pensaba: «Cómo madre es madre hay que respetarla.»

Quisiera moverme pero no puedo, una fuerza superior a mí, me impide levantarme de la cama, quiero pero no puedo. Son las seis de la mañana, hace un instante sonó el despertador, quiero dormir cinco minutos más. Van hacer las ocho de la mañana… no, hoy no me levantó. Mis fuerzas no son nada contra el poder de la pereza.