Viejo lápiz amarillo

 Viejo lápiz amarillo

 No recuerdo el día 
 el que llegaste a mis manos
 —de eso—, hace algún tiempo.

 Tu mina de grafito
 ha dibujado 
 cientos de letras,
 muchas de ellas, se han borrado.

 No sé en qué momento
 te fuiste haciendo chico.

 Mis dientes como tatuajes
 han marcado tu piel amarilla,
 sin piedad te mordí,
 desfiguré tu cuerpo de madera
 —en esos momentos olvidados
 de ansiedad—.

 Acabé sin piedad
 tu hermoso sombrero rojo
 y tu cuello de metal
 desfigurado está.

 Bailaste entre mis dedos,
 viajaste colgado de mi oreja.

 En algún momento te amé
 con intensidad.

 Te digo adiós—
 te arrojo al bote de basura
 sin ninguna consideración.

 Sobre la mesa —espera…
 un nuevo lápiz amarillo. 
Texto en voz de su autor

El escorpión del loco

 El escorpión del loco
 ODA A RENÉ HIGUITA

 Arquero de la selección
 de balompié de Colombia,
 sus jugadas de locura
 nos hicieron felices y desgraciados.

 Higuita ––fuera del arco––
 sigiloso, vigilante, loco.
 Miró venir la pelota. Minuto veintiuno
 de la primera parte.

 Partido de fútbol amistoso
 entre Inglaterra y Colombia.
 Una pelota que parecía inofensiva,
 él, se ubicó en posición de guardia.

 Seis de septiembre del noventa y cinco.
 Retrocedió unos pasos
 y sin perder la pelota de vista,
 su cuerpo empezó a estirarse,

 en el aire se arqueó
 desafiante, como imitando
  al salvaje alacrán
 que levanta su temible cola

 para defenderse del ataque mortal.
 Dejó pasar el balón
 por encima de su cuerpo
 para recibirlo con su poderoso aguijón:

 Los taches de la suela
 de sus sagrados guayos.
 Así despejó la pelota
 ante el estupor de los jugadores

 y la algarabía furiosa del público.
 Se levantó impávido 
 percatándose de su locura:
 Acababa de hacer “El Escorpión”.

 Una de las jugadas de fútbol
 más hermosas de la historia.
 Jugada que jamás se olvidará,
 como al espectacular “loco Higuita”.
Nota: Oda basada en un artículo del Periódico El Tiempo Digital
 Por Pablo Romero, 05 de septiembre 2015 
Texto en voz de su autor

Tres árboles recordados

 1.    Un árbol especial

 Ahora recuerdo un árbol [y llevó una semana pensando en ello].
 De niño tal vez el árbol de cerezo en la casa de mis primos,
 un árbol torcido que parecía un camino al cielo.
 Nos subíamos traviesos a mirar la ciudad desde lo alto,
 si, la casa de mis primos quedaba en las montañas
 arriba de Bogotá y abajo de Monserrate.

 2.    Otro árbol recordado

 Un gigantesco eucalipto derribado por un rayo.
 El tronco seco y que no se quemo por la acción de la furia,
 permaneció tirado durante años en el patio de la casa.
 En las tardes me sentaba a mirar el ocaso de montañas azules
 y trataba de adivinar dónde quedaba Bogotá oculta por las nubes,
 el árbol seco era mi amigo en aquella soledad de las tardes.

 3.    Árboles fantasmas

 Un cielo azul transparente como telón de fondo, sin sol sin luna.
 Un camino dorado de hojas caídas en la noche —brillaba al amanecer,
 hileras de árboles a cada costado como fantasmas milenarios
 vigilan con recelo el antiguo camino romano. 
 Mis ojos que no ven se asombran de ver por primera vez —sí
 de ver por primera vez —la magia del otoño y los árboles fantasmas. 
Texto en la voz de su autor

Nocturno profundo nocturno

“Una noche de luna
mi alma te ofrece.”
Federico García Lorca, Balada de un día de julio
El sol se viste de luna,
con ella, la noche eterna —llega.

Azul profundo
viste tu cuerpo.
Tu cuerpo desnudo
se cubre de noche,
vestida de estrellas
desapareces como sombra.

Oscuridad sublime
rayo de luna.

Un fantasma eres tú.
Te veo en la oscuridad,
no te puedo tocar.
Mis manos corren tras de ti.

Tras de ti —mi corazón
que sangra como una fuente.
En esta noche de luna
a la nostalgia canto un poema.

Tu cabello como un río
se me escapa entre los dedos;
tu cabello como la noche
un batallón salvaje de recuerdos.

Azul profundo
viste tu cuerpo.

En tu mirada tímida
se refleja toda la noche.
Sentimientos ocultos en anonimato,
tu pequeña sonrisa muere en la luna.

Oscuridad sublime
rayo de luna.

Amor prohibido —eres un sueño
en la tristeza de la noche.
Tu imagen desnuda danza en mi mente.
Me cubro con la piel del olvido.

Cuando la luna se viste de sol
desapareces al amanecer.
Texto en voz de su autor

Manifiesto en tiempos de desolación

                                                                                                                     I. 

Declaro la palabra como conquistadora del silencio.
La palabra nos hará libres de las cadenas impuestas por los imperios.
La palabra nos dará la libertad que el mismo hombre nos niega.
Por encima de gobiernos que se eternizan en el poder, la poesía será el escudo de los hombres nobles.
Los poetas tienen la responsabilidad de ser la voz de los oprimidos y de los que callan a fúsil.
Declaro la palabra como conquistadora de nuevos espacios para la libre expresión.
A través de la palabra surcaremos nuevos caminos que nos lleven a la libertad.
La poesía al servicio de la naturaleza y de los hombres.

                                                                                                                     II. 

Con imaginación renombraremos el mundo, surgirán nuevos significados, la palabra “dictador” o “amañado en el poder” se resignificará por la palabra “servidor”.
La palabra fundará con libertad un nuevo mundo de espontáneos significados cimentados desde el amor.
Los versos renacerán desde las cenizas y trascenderán a lo universal.
Los hombres de todas las condiciones de raza, de creencia, de origen se harán libres a través de la palabra sin importar la lengua o nación.
La poesía tiene que convertirse en un bálsamo que inunde los corazones de las naciones con plenitud.
La poesía tiene el compromiso de “recuperar el sentido mágico de la palabra”[1] y fundar nuevos sentidos para el mundo.
Declaro la palabra como conquistadora del silencio y refugio de los afligidos.


[1] “La poesía recupera el sentido mágico de la palabra” Héctor Abad Faciolince, en conversación vía Internet, 07/07/20
Texto en voz de su autor

En mis zapatos gozo

(hoy me quito los zapatos
para sentarme a tu lado)

Son los zapatos un gozo
mis pies bailan de alegría
de mis pies nacen alas

El gozo está en mis zapatos
caminando por el mundo
cuando corro por el agua

(hoy me sudaron los pies
caminando con tu sombra)

Gozo con mis zapatos 
descubriendo nuevos rumbos
dejando huellas en la luna

No hay gozo sin mis zapatos 
ni paseos por tu casa

Son abrigo los zapatos
de mis peregrinos pies
 
mi corazón de gozo palpita 
con el próximo paso que dé

(mis pies cansados lloraron
pues, nunca te alcanzaron).
Texto en voz de su autor