Sentado en el colectivo miro a través del vidrio, afuera, frío y oscuridad. Adentro, el alma sufre el dolor por espinas que yo mismo clavé. Mi piel ennegrecida de tristeza, se desgarra a pedazos y putrefacta se desprende de mis huesos, cae. Me equivoqué; miro a través de la ventana el desolado paisaje nocturno en que se convirtió, mi arrepentido corazón. Atrás quedan mi familia y mis sueños. Piel habitada de recuerdos Jesús Rodríguez - 2019
