No entiendo

No entiendo:

Por qué siento lo que siento.

Sí apenas soy un grano de arena en el universo,

un ser más en medio de miles de millones de seres,

un anónimo entre centenares sin nombre,

uno más en un listado numérico infinito,

una partícula de polvo en el interminable cosmos,

un sin rostro, que habita calles inundadas de máscaras.

Otro aficionado al fútbol, como evasión de la realidad,

un borracho que habita cantinas de mala muerte,

un vecino como otros, que no saluda a los vecinos,

un mal estudiante de idiomas extranjeros.

Otro que sin querer te quiere sin saber nada de ti,

otro que te sueña sin rostro, sin emociones.

No entiendo por qué entre tanta gente

y después de tantos años muertos;

he tenido que compartir contigo, sin conocerte.

No entiendo, me gustas más que fruta prohibida.

No entiendo, por qué me sucede todo esto;

preciso cuando he olvidado mi nombre.

 

Aquí muriendo

Extraño tu extraña forma de ser:

Tus eternos silencios milenarios,

tu impenetrable armadura,

las palabras que nunca pronuncias,

las rápidas caminatas a la parada del autobús,

las conversaciones aceleradas al mil,

(siempre mis historias que agobian)

los presurosos «hasta luego»,

las buenas noches que se hacen eternas.

Y las mil horas que nos separan.

Ese afán de querer verte otra vez

y la desilusión que causas

al no saludar, ni siquiera con una seña.

Extraño tu extraña forma de ser,

despreocupada, desinteresada,

pues, nunca te das cuenta

que permanezco siempre

aquí muriendo por ti.

 

Buscando olvido

Habitando las calles inundadas de cachivaches

hecho en china, me refugio evadiendo tu recuerdo,

me distraigo mirando las vitrinas del sector comercial,

evitando recordar tu imagen oculta entre maniquíes.

Busco un texto en la librería que me ayude a escapar

de tu imagen, que me tortura casi hasta la muerte;

me sumerjo en sus páginas colmadas de tipografías

que no hacen sino recordar tu nombre.

En casa me entierro en el sofá de la sala,

me entrego a la caja de luz que me hipnotiza

con el único fin, de no acordarme de ti,

pero tu cuerpo de venus aparece en cada imagen.

En la noche me refugio en mi cama, solitario

en busca del esquivo sueño, después de haber andado

por caminos en busca de la poción mágica del olvido;

a medianoche me despierto, con tu imagen pegada al alma.

Luna negra

La ciudad oscura avanza como fantasma en la noche,

alejándose de la mano de las horas que van muriendo,

los barrios afligidos se cobijan de añoranza con nubes grises,

en tu calle se instala la nostalgia, en la mía también.

Las horas se alejan en sombras presurosas,

mientras se las traga la oscuridad de la melancolía,

en tu casa, un haz de luz eléctrica ilumina la habitación,

en mi cuarto luces fugitivas transitan con la noche.

Sobre el barrio un manto de nubes lloronas

cubren con agua los techos de las casas solitarias.

Encima de las nubes una luna negra, que no brilla

se cuela por las cortinas de los cuartos, robándose

lágrimas de tristezas pasadas, que ausentes habitan

en cajones abandonados que se difuminan en el olvido.

Los días viajaron con las horas muertas perdiéndose en el pasado.

El barrio en su soledad comienza a olvidar en la noche.

En la soledad mientras olvido, me olvido.

 

 

 

 

Fuga

Camino en la ciudad para olvidarte,

camino por sus calles hasta el cansancio,

hasta el mismo agotamiento, hasta desfallecer,

pero, por más que lo intento sigues ahí pegada

a mi cerebro confundido.

Busco a través de las pinturas del museo

algún laberinto que me transporte

a otra dimensión a otro universo,

me sumerjo en arco iris de pinceladas

(en miles de colores navego),

buscando escusas y excusas para olvidarte,

evadiendo la realidad colmada de falsas ilusiones.

Aquí sentado al frente de una pintura de Guayasamín:

Busco tu sombra, no la encuentro,

al no quedar más, sigo mi camino como fugitivo,

huyo de mi propia cárcel… que soy yo en definitiva.

Somos silencio

En la soledad de nuestro individualismo,

escapamos de nosotros, evadimos realidades;

en nuestro propio cubil habitamos,

alejados del dolor y de la angustia del otro.

Sin importar los sentimientos

nos apartamos entre las calles del barrio,

indiferentes nos cubrimos de abandono,

ocultos del sol alejados de la tristeza.

Habitamos la noche

cobijados por un manto de melancolía,

ahí en la noche, tu y yo,

somos silencio.

 

 

 

¿Dónde quedaron las palabras?

A C.

La palabra don preciado de la humanidad,

nos permite expresar lo que no existe, dar vida.

Sin ella caemos en una muda eternidad,

mudez que se pierde en la nada afligida.

La palabra que nos daba vida,

hoy no existe, se ha ido distraída,

sin ella no hay nada que decir,

nuestra comunicación ha dejado de fluir.

Conversaciones perdidas ya sin retorno

atrás quedaron. La charla y la risa no volverán.

Mis historias sin interés no te agobiarán,

encontrarás, otra manera de cuidar tu entorno.

¿Dónde quedaron las palabras que nos daban vida?

Allá en la lejanía.

 

 

Desapareces

 


A C.

En la distancia desapareces

en medio de la llovizna nocturna,

un «hasta luego» mudo

se confunde en el bullicio de la noche.

Te cubres en un manto de soledad,

con ella, desapareces en la oscuridad.

Separados, nos abandonamos al silencio.

Ya sin palabras, dejamos de existir.

En el silencio de la noche

no escucho tu respiración.

Fantasmas de mil colores

visitan mi habitación.

En la distancia desapareces,

desaparezco,

desaparecemos,

dejamos de existir.


 

Fantasmas

 



Las palabras, acto mágico que hace realidad la comunicación humana, sin ellas no sabríamos llamar por su nombre a las cosas…



A C.

Tu mirada se ausenta a través de la ventana,

abrazada a los fantasmas de tus  recuerdos.

A tu lado veo pasar la luz de la noche,

en silencio tus silencios huyen.

Las palabras mudas se ahogan en resignación.

Busco en tu mirada una señal, un código secreto,

no lo encuentro.

La noche avanza con nuestros cuerpos separados.