…
Me dueles cuando callas
porque tus silencios
son dardos
que se clavan en el alma.
…
…
Me dueles cuando callas
porque tus silencios
son dardos
que se clavan en el alma.
…
Inalcanzable,
indescifrable,
mujer incógnita,
no es posible conocerte
(mejor así)
no conocerte.
…
Mujer desconcertante,
no permites
acercamientos.
En tú andar ligero,
protegida
por una burbuja
de metal,
desapareces en la noche.
17/05/2018
Mirada triste, ausente,
perdida en la bruma
de la melancolía;
leve sonrisa extraviada
en la obscuridad.
…
Respirar el mismo aire,
tan solo por un instante eterno
y grabarlo en el alma.
…
Ahí en la soledad de la tarde
hermosa Venus iluminada,
viste tu mirada
un manto de tristeza.
…
Tu espacio ausente
se colma de nostalgias.
…
Extrañarte es morir
poco a poco en ausencia.
…
Tímida y reservada,
discreta a los ojos curiosos,
oculta en un velo de misterio
te escondes del mundo.
24/05/2018
¿Quién soy yo?
Un esqueleto
cubierto de carne.
…
Un hombre solitario
caminando hacia la tumba.
…
Un esqueleto arrodillado
en un rincón
de la habitación,
¡extrañándote!
…
Un hombre confundido
al límite de la locura.
…
¿Quién soy yo?
Un alguien
sin ti.
Mejor dicho: Nadie.
Porque sin ti
me falto yo.
…
¿Quién soy yo?
Un río sin agua,
un libro sin escritura.
Mejor dicho: Nada.
19/04/2018
Caminos separados
que jamás se encuentran.
Senderos alejados
avanzando hacia el sol,
o avanzando a la luna,
o avanzando a la nada.
…
Soledades negras,
habitantes permanentes
del yo, yo, yo;
soledades solas,
caminantes solitarias
en la noche.
…
Tú en tu abandono.
Yo aislado
en la oscuridad,
buscando palabras
siempre fugitivas
que le den vida
a tu imagen.
…
Te busco
en esta palabra
que se escapa
solitaria,
en la noche
obscura.
Sí, siento miedo de no volver a verte,
miedo de pasar mis días sin tu compañía,
miedo de ver pasar las horas en soledad,
miedo de no tener otra boca para conversar,
miedo de no encontrar tus manos como apoyo.
Sí, siento miedo que paraliza el alma,
me paraliza verte alejada de mí,
me paraliza sentirte perdida, ausente,
me paraliza no tener palabras para decirte
lo importante que eres para mí.
Contigo mis días se iluminan de alegría,
contigo las horas son más lentas,
no mueren tan rápido.
Contigo encuentro la inspiración
para seguir viviendo con alguna ilusión.
Sí, siento miedo
de que ya no estés a mi lado.
Hoy no estás.
«Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria…»
El hombre imaginario, Nicanor Parra
A las seis de la tarde
emergió de las montañas
una luna brillante,
que parecía más grande,
…
miraba desde lo alto
a la ciudad iluminada,
coqueta se ocultaba
tras nubes livianas.
…
En la noche brillaba
más que diamante,
irradiaba tu figura
de venus eterna,
…
imagen melancólica
que con el paso de las horas
se ha ido borrando.
¿Quién eres tú?
…
—Un recuerdo
—que se ha esfumado
con el paso lento
de la luna llena—.
He comprado un pasaje para un viaje planetario,
como alternativa de escape de esta realidad agobiante,
me han dicho que en otro planeta, donde han encontrado vida,
se puede olvidar todos los dolores que en la tierra
se han recibido y aquellos que hemos infringido.
Allí en aquel planeta que aún no tiene nombre
se pueden olvidar todos los amores y desamores
que en este mundo hemos disfrutado o rechazado.
En ese planeta imposible de alcanzar, por su distancia,
allí en las noches, se puede olvidar (es bueno olvidar),
pues en aquel planeta reina la soledad,
no existen nombres que recordar, momentos o situaciones
se pueden olvidar. Dicen que allí en aquel planeta sin nombre
todo vuelve empezar, eso es lo que deseo;
cuando ingrese en la nave planetaria y fuera de la atmósfera,
empezaré a olvidar tu nombre, tu imagen, olvidarme de ti,
para siempre (pero mientras pise esta tierra…).
Las paredes de la habitación se cierran asfixiando la memoria, mientras hablan las voces que habitaron en el pasado frustrado. Son voces mudas que en algún momento vivieron para decir y callar. Hoy solo queda un vago recuerdo casi transparente, de aquella existencia absorbida por la noche de los años ya fallecidos, estos emiten un leve murmullo de sonidos, que desde la distancia pronuncian quejas moribundas, que solo las puede escuchar un habitante de la soledad. La única voz ausente que no se escucha es la tuya, pues tú nunca has habitado este espacio.
Como un barquito de papel
me siento a la deriva;
llevado por el ímpetu de las aguas cristalinas
a un final incierto, desconocido.
Navego a diario sobre aguas turbulentas
que zarandean mi frágil estructura,
removiendo mis cimientos,
tras años de frenética locura,
navegando por ríos de alcohol, evadiendo la realidad
encerrado entre las cuatro paredes del yo,
evitando ser maltratado por las fuerzas oscuras,
que por lo general, vienen con bonitos ojos
y una tierna sonrisa, que se apodera sin compasión
del corazón cuando es entregado en libertad.
A la deriva cual barquito de papel,
—hoy aquí—, avanza mi vida. Sin ti
que eres mi último querer.