…
Una mosca,
un sapo,
…
una mosca,
una lengua
pegajosa.
…
Una mosca,
un sapo,
…
una mosca,
una lengua
pegajosa.
…
La toalla extendida
en la silla;
mojada de tanto llorar.
…
Dos maniquíes
entrelazados en un beso
—apasionado—,
se pierden en la oscuridad
de la noche,
allí, son sorprendidos
por el amanecer.
…
Una camisa
desesperada,
llora desolada,
porque perdió
a su corbata.
…
Un zapato
camina solo
por la ciudad,
—al parecer—
está perdido.
…
Aviones cada minuto
pasan sobre mi cabeza,
se alejan de tierra
en busca del aire infinito.
Yo pegado al piso
como estatua milenaria,
habitado por palomas,
veo con nostalgia
a los aviones pasar,
siempre sobre mi cabeza.
Renuncio a los afectos que hacen daño,
al dolor que produce la indiferencia,
a los sentimientos encontrados,
a la frustración que se origina en el querer
y pasar inadvertido.
Renuncio a mi defecto más notorio
y reconocido, renuncio a los apegos,
que hacen daño y lastiman el corazón.
Abandono en definitiva
la práctica de las artes amatorias con los amigos,
que en realidad, producen conflictos.
Abandono tu rostro tierno,
tu mirada oculta detrás del cristal,
tu cabello negro, siempre recogido;
también, tu sonrisa sin pinta labios,
abandono tus largos pasos.
…
Aunque sienta dolor en la esencia del alma,
renuncio a mis deseos más íntimos,
no pasaré límites prohibidos para un amigo,
sin dejarte de querer, sin dejar de sentir aprecio,
pues tú, eres mi mejor amiga.
…
En definitiva, renuncio a mí
y a mis anhelos egoístas.
Hoy me despido de mi loca locura,
abandono la idea de querer ilusiones,
con los pies en el piso, me dejo llevar,
de nuevo a la cruda realidad,
caminos reales y no imaginarios,
empedrados y hechos barro;
caminos difíciles, pero verdaderos,
por ellos andaré los próximos años;
caminante solitario, buen amigo.
Tú seguirás tu destino, yo el mío.
Tus caminos te pertenecen, no son míos.
Hoy me despido de mi loca locura
recobrando la cordura.
La ciudad sin ti, no es nada, muerta está,
más gris, más fría y más contaminada;
la ciudad sin ti, agoniza con cada segundo muerto.
Sus montañas grises en la lejanía desaparecen,
se desvanecen del paisaje llorando tu ausencia.
El barrio repleto de locales comerciales
y vendedores ambulantes sollozando abandono,
yo, camino por sus calles con la mirada perdida
en los aviones que se marchan a otros destinos,
cómo tú, que te marchas a cada instante
dejando siempre un vacío, imposible de llenar.
La ciudad sin ti, nada es; yo sin ti, muerto estoy.
Grabo tu imagen
en cada uno de mis poros,
para el día en que
no te vuelva a ver,
no olvidarte…