Avión de papel

Aviones cada minuto

pasan sobre mi cabeza,

se alejan de tierra

en busca del aire infinito.

Yo pegado al piso

como estatua milenaria,

habitado por palomas,

veo con nostalgia

a los aviones pasar,

siempre sobre mi cabeza.


 

Renuncio

Renuncio a los afectos que hacen daño,

al dolor que produce la indiferencia,

a los sentimientos encontrados,

a la frustración que se origina en el querer

y pasar inadvertido.

Renuncio a mi defecto más notorio

y reconocido, renuncio a los apegos,

que hacen daño y lastiman el corazón.

Abandono en definitiva

la práctica de las artes amatorias con los amigos,

que en realidad, producen conflictos.

Abandono tu rostro tierno,

tu mirada oculta detrás del cristal,

tu cabello negro, siempre recogido;

también, tu sonrisa sin pinta labios,

abandono tus largos pasos.

Aunque sienta dolor en la esencia del alma,

renuncio a mis deseos más íntimos,

no pasaré límites prohibidos para un amigo,

sin dejarte de querer, sin dejar de sentir aprecio,

pues tú, eres mi mejor amiga.

En definitiva, renuncio a mí

y a mis anhelos egoístas.

Despedida

Hoy me despido de mi loca locura,

abandono la idea de querer ilusiones,

con los pies en el piso, me dejo llevar,

de nuevo a la cruda realidad,

caminos reales y no imaginarios,

empedrados y hechos barro;

caminos difíciles, pero verdaderos,

por ellos andaré los próximos años;

caminante solitario, buen amigo.

Tú seguirás tu destino, yo el mío.

Tus caminos te pertenecen, no son míos.

Hoy me despido de mi loca locura

recobrando la cordura.

Nada es

La ciudad sin ti, no es nada, muerta está,

más gris, más fría y más contaminada;

la ciudad sin ti, agoniza con cada segundo muerto.

Sus montañas grises en la lejanía desaparecen,

se desvanecen del paisaje llorando tu ausencia.

El barrio repleto de locales comerciales

y vendedores ambulantes sollozando abandono,

yo, camino por sus calles con la mirada perdida

en los aviones que se marchan a otros destinos,

cómo tú, que te marchas a cada instante

dejando siempre un vacío, imposible de llenar.

La ciudad sin ti, nada es; yo sin ti, muerto estoy.

Callar duele

Duele querer en silencio.

Guardar un millón, de te quieros

en lo más profundo del alma

¡duele!

Duele, callar duele.

Saber que estás ahí presente en carne y hueso

prohibida, por toda la eternidad, prohibida.

¡Duele!

Saber que no te puedo —ni siquiera tocar—

tu piel con una mirada, ¡es doloroso!

ella está censurada, para mi piel,

¡duele!

Duele querer en silencio,

es como morir sin aire en el fondo del cosmos,

es como morir enjaulado en mis agónicas penas.

Saber que te quiero duele, y duele como espina clavada.

Saber que jamás lo sabrás,

eso duele.

 

 

 

 

Luna viajera

Ella reflejada en una hoja de agua,

luz plateada que ilumina con timidez tu cuarto,

mientras, flotante pasa por mi casa,

dejando un rocío sobre el tejado abandonado;

luna viajera que a su paso se roba los sueños

de los enamorados, que se aman en el barrio.

Luna viajera con su paso lento,

se lleva los últimos recuerdos, que de ti

quedaban ocultos, en mi cuarto.

Luna viajera envuélveme en tu luz blanca,

abrazado a ti, quiero escapar de este mundo.

¿Por qué duele tanto, no poder sentir?

¡Oh! Negarme a sentir.