Extraño tu extraña forma de ser:
Tus eternos silencios milenarios,
tu impenetrable armadura,
las palabras que nunca pronuncias,
las rápidas caminatas a la parada del autobús,
las conversaciones aceleradas al mil,
(siempre mis historias que agobian)
los presurosos «hasta luego»,
las buenas noches que se hacen eternas.
Y las mil horas que nos separan.
Ese afán de querer verte otra vez
y la desilusión que causas
al no saludar, ni siquiera con una seña.
Extraño tu extraña forma de ser,
despreocupada, desinteresada,
pues, nunca te das cuenta
que permanezco siempre
aquí muriendo por ti.